Adolescencias robadas

16 de diciembre de 2009 | Por | Compartir con Blogger Facebook Twitter Email

Estábamos reunidos en una plaza. Éramos compañeros del secundario y creábamos una agrupación estudiantil. Era casi de noche. El chico rubio me llamó tanto la atención que, de repente, me olvidé del tema de discusión, sin entender ni preguntarme por qué. Sólo supe –así, sin dudas– que nos haríamos amigos, porque “amigo” era lo único que concebía que pudiera ser de otro chico. No entendía por qué tenía un deseo tan fuerte de comenzar una amistad con alguien a quien apenas conocía, pero lo cierto es que nos hicimos muy amigos.

Cuando nuestra amistad ya era tan importante que no entendíamos cómo haríamos para vivir sin ella, el chico rubio me convenció de lo que mis compañeras no habían podido: que me vistiera más moderno, que me cortara el pelo con más onda, que además de ir a reuniones del centro de estudiantes fuera a boliches y fiestas, que hiciera cosas prohibidas para menores de 18 antes de cumplirlos, que me divirtiera más. Y me vestí con la ropa que él me regalaba, me corté el pelo igual que él, salí a bailar con él, nos divertimos juntos.

Él se levantaba a todas las minitas. Yo lo acompañaba, lo esperaba, lo escuchaba cuando él me contaba; yo no me daba cuenta. Un día, estábamos tirados en el balcón de su casa y me dijo que estaba tan excitado –éramos adolescentes, las hormonas enloquecidas– que tendría sexo hasta conmigo, y hoy recuerdo que pensé lo que en ese momento no registré que acababa de pensar. Fue un flash, un impulso, un escalofrío; después, la censura y el olvido, todo en una fracción de segundo. No le contesté. Cambiamos de tema y el tiempo pasó y él siguió cambiando de novias y a mí me eligieron secretario general de la juventud del partido y un día me di cuenta de que ya tenía 23 y el sexo me aburría. El sexo me aburría.

Era como una promesa incumplida. Yo ejercía mi mandato, más por obligación que por ganas, imitando a los demás, pero no recibía a cambio los placeres que mi amigo me contaba luego de sus incursiones en el cuerpo femenino. Lo peor era el beso: no tenía gusto a nada. Era un trámite necesario, una entrada que había que pagar para pasar al siguiente nivel, con algo de satisfacción física seguida de una incomprensible sensación de que algo no funcionaba. Se me terminó la adolescencia y no llegué a descubrir la combinación de la cerradura que abriera la puerta al paraíso que mi amigo juraba que existía y que yo, claro, fingía conocer.

Años después, una noche, por casualidad –o quizás no–, otro amigo heterosexual me llevó a conocer un boliche gay. Yo fui porque él insistió en que era divertido, aunque no me cabía eso de ir a un lugar de putos. Pero volví, con excusas tan malas como las que aquella noche habían justificado mi interés por el rubio. Y poco después, un amigo de otro amigo, en el boliche gay, no me creyó que yo nada que ver y me buscó varias veces un beso, hasta que la testosterona se cruzó con una burbuja de champán en un torrente sanguíneo acelerado y no aguanté más y por qué no se lo iba a dar si yo también me moría de ganas. El descubrimiento fue instantáneo: eso era el beso. Después, claro, el sexo; la cerradura se abrió. ¡No era aburrido! Ahí estaban los placeres de los que me hablara mi amigo rubio. Eran tal cual.

Y entonces ya no necesité darme cuenta. La censura se evaporó. Algo no había pasado en aquellos años de mi adolescencia y, cuando al fin estuvo todo claro, sentí que me la habían robado. De todas las cosas de la vida que nos prohibieron a los gays, la adolescencia es la más injusta.

Quiero que me la devuelvan. Quiero vivir cada experiencia en el momento justo. Quiero tener mi primer novio a la misma edad en que mis amigos tuvieron su primera novia, y que los primeros besos sean torpes, experimentales, llenos de sorpresas, y descubrir el sexo con inocencia y emborracharme cuando todavía no tenga edad para hacerlo y que me pongan amonestaciones que no sean por una causa justa sino por una divertida, y hacer las cosas prohibidas para menores de 18 antes de cumplir los 18. Quiero que el pibe rubio me vuelva a decir que está excitado, que lo haría conmigo y hacerlo con el pibe rubio en su casa, esa tarde, en pleno verano, en plena adolescencia, con las hormonas enloquecidas.

Las experiencias perdidas son irrecuperables, porque nunca más estaremos ahí para saber cómo hubiesen sido. Cuando hablamos de la educación sexual en la escuela, la que tanto asusta a los dinosaurios, la que yo no tuve, estamos hablando, también, de esas adolescencias no realizadas, de esos deseos censurados, de esas experiencias no vividas. Por el bien de los pibes que todavía están a tiempo de no perdérsela, de salir del armario a tiempo, de madurar sin fantasmas medievales que los persigan, necesitamos romper con las barreras que hacen de nuestra sociedad un lugar menos amigable para algunos. Los debates que estamos viviendo en estos días también tienen que ver con eso.

A la película de Pablo Rago que nos pasaron los de Johnson & Johnson en primer año le faltaba una parte de la historia. Nos mintieron, porque nos contaron un mundo en el que nosotros no existíamos. Nos quitaron el derecho de vivir las mismas cosas que nuestros amigos vivían mientras nosotros nos las perdíamos porque sólo venían en formato chico + chica y nadie nos había avisado que nosotros podíamos ser –y no tenía nada de malo que fuéramos– diferentes.

Columna publicada originalmente en Diario Crítica

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19 comentarios »

  • Fernando de Marbella dice:

    Excelente! Simplemente excelente ! Qué nostalgia ! Tenés razón en todo…sólo que me chico rubio no era rubio sino de un pelo castaño larguísimo -se usaba por allá en los 70-, se llamaba Luis y yo no me animé a decirle que sí. Por miedo, por no saber como manejar la situación, por la familia (era el mejor amigo de mi hermano), por que se riera de mí diciendo que había sido en joda. En fin…cuánto tiempo perdido al pedo.
    PD: Gracias Bimbi !

  • Javier Ulla dice:

    Hermosa nota, la verdad, espectacular. Es casi la historia de mi vida, aunque yo fui un poco mas suelto que vos en algunos casos.
    Pero, me sentí muy identificado.
    Gracias por eso.
    :)

  • Sergio dice:

    Muy buena la nota.

  • SebX dice:

    Me siento muy, muy identificado con la sensación de adolescencia robada, no perdida. Ese “mundo” experimental para mi no existía, no me estaba permitido y me llevó a encerrarme en mi mismo, y dejar para mis 20´s cosas que ya todos habian vivido en su adolescencia.

  • juan dice:

    me identifico plenamente con el relato, que injustucia nos robaron la adolescencia!

  • Daniela dice:

    Muy conmovedora.

  • Lic.Jorge Horacio Raíces Montero dice:

    Prefiero tus disquisiciones conceptuales que me inspiran mucho respeto, no obstante esta expresión empírica esta llena de los estereotipos que por suerte conseguimos doblegar.
    Nada se pierde, todo se recupera a su justa medida y en su tiempo. Ni un minuto antes ni un minuto despues.
    Felicitaciones, siempre sigo tus escritos.
    Abrazo,
    Jorge Horacio

  • Edgardo Fernández dice:

    Excelente, como siempre.

  • Roberto dice:

    Maravillosa nota que propone el sentido hacia dónde avanzar, pues no basta permitir o finalmente aceptar lo diferente, sino recrear una cultura donde lo diferente ocupe el lugar central. Gracias por tus palabras. Roberto

  • Nahuek dice:

    Creo que esta vivencia resume lo que “mas o menos” todos hemos pasado en nuestra adolescencia. Hay mucho de frustración y dolor al terminar la adolescencia sin haber sentido en plenitud la sexualidad que nace luego de la pubertad. Yo recuerdo que en mis años de liceal sentía mucha atracción por algunos compañeros, pero nunca me pude animar… Eso estaba mal y yo no quería que me dejaran fuera o en casillaran como el puto de la clase, así fui guardando mis sentimientos.
    Yo creo que muchos seguimos las pautas heterosexuales sin cuestionarlas, pero claro como las vamos a cuestionar si apenas estamos conociendo el mundo y eso que sentimos está mal.
    En mi caso, fue el MSN y el chat quienes me hicieron cambiar mi autocensura sexual. Por este medio conocí gente como yo!! No era el único !! A partir de ese momento comencé a relacionarme con ese otro mundo oculto. Pero ya tenía 21 años y estaba en la facultad.

  • Bruno Bimbi (autor) dice:

    Muchas gracias a todxs por los comentarios!!

  • tian dice:

    es verdad Internet me ayudo a salir del armario, en realidad a no sentir que estaba solo, a no pensar que era el único enfermo que podía excitarse viendo fotos de hombres en ropa interior, “porque es lo que los demás decían”…a darme cuenta de que me gustan los hombres y no tengo que andar ocultando esos sentimientos solo por hacer feliz o conformar a los demás, no, es tiempo de pensar en mi, soy gay y tengo 21 años ,con respecto a la nota ,cada uno de nosotros tienen una historia que contar,ya no sufro los años de la adolescencia es como que uno empieza a vivir verdaderamente cuando sigue su camino , en busca de su felicidad, y te das cuenta realmente que no estas solo en esta lucha..,bueno dejo saludos
    y que empiecen un buen año. y ojala que sea positivo para todos!!!!

    besos

    hernan

  • María dice:

    Es importante saber que la historia de este gay es la misma para cual-
    quier heterosexual, porque sin importar su elección sexual el amor se
    siente y vive con intensidad y pasión.

  • Jean Carlos dice:

    Muy bueno yo también tuve mi chico rubio Camilo se llamaba, nunca me olvidare de que me quede con las ganas, es más ya no vivo en Bogotá, pero cuando voy siento ganas de tocar a su puerta y decirle hola aquí estoy para vivir eso que me propusiste hace 10 años hagamoslo,my bueno es cierto vivimos en una sociedad de mierda, pero la podemos cambiar!! un beso para todos muy linda la historia..

  • Marcelo dice:

    Nací por los ´60… tuve un padre autoritario y vivi una època donde pensar fuera de los canones tradicionales era durísimo…. El hombre salia con mujeres y solo con mujeres….. asi fue que se fue mi adolescencia , reprimiendo mis deseos … asi fue que me casé y tuve 3 hijos (A los cuales Amo con todo mi corazón) … el sexo ?… El sexo era “coger” en 2 minutos y a dormir… Y asi fue como se fue mi juventud… y ya en la madurez tuve mi primer experiencia, la que había deseado toda mi vida, y hoy, si bien he blanqueado mi situación y en parte he salido del armario… me pregunto.. por que no expuse mi condición sexual en aquellos momentos ? Por que me reprimí al punto de formar un hogar y hoy hay una mujer y 3 hijos que sufren la falta en la casa del esposo/padre…. Y todo por no enfrentar en su momento a la maldita sociedad (incluidos mis padres) que indicaba unilateralmente lo que “estaba bien” y el resto era impuro, pecaminoso, avergonzante…. y mucho mas . Ya no he de recuperar mis años de adolescencia, de juventud, debo adaptarme a la que hay hoy y ahora para mi… Me dule la situación ? Si.. pero ya no puedo revertirla… Mirar para atrás para mi en parte es melancolía y tristeza. Mirar para adelante me da fuerzas para seguir, para aceptar lo que soy para amar a un hombre siendo hombre . Lo siento viejo… no fui como vos querías… Gracias a Dios

  • rodrigo dice:

    me emociona hasta las lagrimas esta nota , es un calco a mi adolescencia sensurada, como decis, por nutros pibes y pibas que ellos y ellas no pasen la misma.

  • Martín dice:

    Sencillamente conmovedor… Calculo que todavía estoy a tiempo, tengo 19 años… No quiero perder la oportunidad de intentar ser feliz, procuro tomar coraje y aclarar mis sentimientos con el chico que me hace sentir esas cosas que las palabras no pueden explicar… Espero salgan las cosas como tengan que salir, lo importante es decir las cosas en el momento adecuado y no quedarse con la duda del “que podría haber sido”, no… No quiero cargar con ese peso por el resto de mi vida, quiero aprender a decir “TE AMO”, quiero aprender a vivir y a ser feliz, que es a lo que todos los seres humanos aspiramos.
    No espero que este chico que tanto me gusta diga que sí, espero que sea feliz y encuentre alguien que lo ame tanto o mas como yo lo hice, sigo y seguiré haciendo.
    Solo me falta juntar fuerzas y hablar con el corazón…

    Creo que todavía estoy a tiempo para no vivir mi “Adolescencia Robada”

    Gracias por el valor y la compañia que me brinda este portal. Saludos Martín

  • wilmar dice:

    megusto tuarticulo amimepaso algo
    similar locual mearepiento de
    no aberlo disfrutado al maximo.

  • Franco dice:

    Teno 17 años, pero no me siento de 17 años, me siento de 13 años, pues hace muy poco me pude aceptar como soy, yo tambien me reprimi a mi mismo por el que diran y por mi familia y por mi padre homofobico, en mi habitacion derrame infinidad de lagrimas, no pude crecer como quise hasta ahora, pero desde ahora comenzare a crecer como quiero, siendo yo y no quien los demas me digan que debo ser, mi chico se llamaba ezequiel, y no era rubio, era morocho de pelo corto, lo conoci en bariloche, pero a 5 metros mios habioa dos compañeros que con su ojo vijilante y discriminador no me permitieron experimentar lo que mi corazon, ahun hoy, sigue anhelando

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