De la transfobia, la visibilidad y la política
He recibido un mail en el que su autor, un militante gay de nombre Jorge H. Muñoz, se pregunta con respecto a un pasacalle exhibido en Cali con relación a la campaña publicitaria de la chica trans Shelcy Sánchez, candidata a la Cámara por el Partido Liberal colombiano con el número 111, si esta es “¿Publicidad Porno o campaña política a la Cámara?”.

Creo que para responder a dicha pregunta vale la pena definir que es pornografía. Pornografía tiene su origen en el Griego “porne“, prostituta, y “grafía“. La Real academia española de la lengua precisa que es el “Carácter obsceno de obras literarias o artísticas“. En wordreference.com se define como género artístico que muestra con detalle escenas de carácter sexual para excitación de quien las contempla; además agrega “la frontera entre pornografía y erotismo es muy subjetiva“. Por otra parte, elpais.com en su diccionario la entiende como “Tipo de obras, películas, fotografías, Etcétera, cuyo objetivo es provocar la excitación sexual mostrando con realismo todo lo relacionado con el sexo“.
A partir de las definiciones anteriormente expuestas no se puede considerar que la foto de una chica sea pornográfica dado que por la postura del cuerpo, no sólo no se ven los genitales sino que, además no muestra con detalle escenas de carácter sexual para excitación de quien las contempla y que, por otra parte, según se aprecia, la foto tampoco puede calificarse como obra artística.La imagen tampoco es erótica debido a que erotismo (wordreference.com) se define como “Amor sensual, sexualidad“; que el erotismo es la “cualidad de lo erótico, de lo que provoca excitación sexual” y que tampoco cumple con la condición de ser “cautivadora“.
En el mail se afirma “Con todo el respeto qué se pueda merecer, quiero preguntarle a la candidata (…) cuál es la intensión de su campaña visual y quiénes son sus asesores publicitarios, porque a través de estas estrategias uno busca ganar votos y considero, por mi experiencia, que no es la más adecuada en dónde desde el imaginario cultural nacional nos tildan a todos los de la comunidad LGBT como promiscuos, enfermos sexuales, violadores, promotores de la prostitución; características que han impedido en muchos espacios que avancemos en la lucha por nuestros derechos desconociendo que somos inteligentes, capaces de orientar diferentes procesos, generadores de cambio entre otros“.
En general, las imágenes del cuerpo de ciertos candidatos y candidatas si han logrado darle a estos/as votos e incluso han contribuido a su elección. Recordemos por ejemplo en Colombia la campaña de Álvaro Araujo que se centraba en sus ojos (imagen eso si artística, pero en absoluto pornográfica). A nivel internacional, por ejemplo, está la campaña en Italia de llona Staller, más conocida como Cicciolina, quien además de ser una actriz pornográfica, cantante, si utilizó imágenes sexualmente explicitas y pornográficas. Otra campaña nacional relacionada con el cuerpo fue la de Velandia a la Cámara de quien se rumoró en los medios saldría desnudo, aun cuando en el cartel de su campaña sólo se veía su pecho descubierto y cuyo slogan decía “el candidato que no tiene nada que esconder“.
“Considero“, continúa Jorge H Muñoz, “que esta campaña visual de la Candidata lo que le da es más crédito a la sociedad colombiana para que diga que es cierto lo que se dice de comunidad LGBT, una oportunidad como la que se nos está dando en este momento de participar con candidata trans en la política sin antecedentes en este país no se puede tirar en la cama con una tanga brasilera, hay que darle la altura que debe tener“.
Apreciado Jorge H. Muñoz: le invito a que usted mismo detecte el falso moralismo de algunos homosexuales y otras personas en la gran diversidad sexual que ha apoyado tales creencias, pero por otra parte y tal vez esto sea lo más importante, que se han basado en la idea de la normalización y de tener que vivir el “deber ser sexual” de la heterosexualidad, modelo que además fortalece los esquemas en los que se basan las relaciones de poder a nivel social, es decir, que para ser un homosexual “decente” hay que parecer un heterosexual sumiso, recatado, asexuado, apacible, inofensivo… ¿acaso eunuco?
Me preocupa el marcado interés por la normalización que hay en las organizaciones LGTB, no sólo en las colombianas, y especialmente, la dilución de individualidades y unicidades que hacen posible la gran diversidad sexual, porque en la medida en que se normaliza y unifica a los seres (estereotiparlos, es decir, creer que todos deben amoldarse a un único patrón) se pierde su propia esencia como ser y el sentido de la lucha política sexual, que es la de diversidad e inclusión.
Quiero decir que las homosexualidades, lesbianidades, transexualidades y bisexualidades así como otros tránsitos identitarios son importantes en cuanto transgreden el modelo macho, masculino, falocrático, heterosexual, misógino y sexista que reitera como modelo el “deber ser sexual” de la heterosexualidad.
Todos somos víctimas de los estereotipos. Sr. Muñoz: lo invito a que no perpetúe el mismo vicio de la sociedad de intentar que todos quepamos en un mismo molde. Algunos creen que la candidata estereotipa a los gay, pero porque ella no cabe dentro del estereotipo que tienen muchas de las personas LGBT. Las travestis, transgéneros también existen, no sólo los hombres “serios” a los que “no se les nota”, que de por sí es un estereotipo que se debe combatir.
Sucede algo igual a lo que ocurre con los desfiles del orgullo, la mayoría critica a las travestis y drag queens por ir adelante porque dizque estereotipan, pero nadie tiene los pantalones o las faldas para tomar su lugar en la parte delantera del recorrido, olvidando que no hay nadie más valiente, escandaloso y político que las trans en nuestro país, a pesar de ser ellas las que más llevan las de perder en nuestra LGTBfóbica sociedad.
“Yo no estaba en el país y había escuchado de la candidata, me alegré mucho y estaba a la expectativa y el sábado al salir de la discoteca Madona en Cali pude ver en frente el pasacalle (…) y me desilusioné mucho, así que por favor me gustaría que Shelcy cuando lea este correo o el jefe de prensa o asesor de su campaña me respondan algo al respecto”, afirma usted, Sr. Jorge H Muñoz. Sin embargo yo de usted me alegraría de que alguien se atreva a decir “soy diferente y tengo derecho a vivir” porque usted también se va a beneficiar de una sociedad donde no se critique a quienes se atreven a ser diferentes. Usted es diferente también, como Shelcy, a su modo, y usted en su propio mundo también quisiera ser aceptado tal cual es.
Siento que es muy importante, Sr. Muñoz, que se desilusione (es el primer paso hacia intentar entender las razones de los demás), pero también es muy importante que comprenda que la transfobia no le hace bien a la comunidad LGBT y que la candidata no tiene por qué darle explicaciones a nadie, no sólo porque según creo usted no es una financiador de la misma, sino especialmente porque ni siquiera las mismas trans se han preguntado al respecto, probablemente porque saben que no se les tiene en cuenta como personas y mucho menos ciudadanas y sujetas de derechos.
Felicito a Shelcy por tomar conciencia política de su rol social, por exponerse públicamente desde una identidad tan poco comprendida y si bastante estigmatizada como es la trans, y por atreverse a lanzarse como candidata en una ciudad en la que los crímenes de odio son la forma como la comunidad las reconoce.

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Sin tratar de tener una mirada pacata o púdica sobre la forma de visibilizarnos de nosotrxs, comunidad GLTB, creo que debiéramos pensar pragmáticamente cómo alcanzar el objetivo de la nota: Lograr una avalancha de votos para que un miembro trans ( o gay, lesbiana o bisexual) ingrese al Congreso.
Para que tengamos diputadas y senadores que nos representen debemos cautivar no sólo el voto GLTB, sino -esto es clave para la victoria- el voto heterosexual.
Dice Jorge: “Con todo el respeto qué se pueda merecer, quiero preguntarle a la candidata (…) cuál es la intensión de su campaña visual y quiénes son sus asesores publicitarios, porque a través de estas estrategias uno busca ganar votos y considero, por mi experiencia, que no es la más adecuada en dónde desde el imaginario cultural nacional nos tildan a todos los de la comunidad LGBT como promiscuos, enfermos sexuales, violadores, promotores de la prostitución; características que han impedido en muchos espacios que avancemos en la lucha por nuestros derechos desconociendo que somos inteligentes, capaces de orientar diferentes procesos, generadores de cambio entre otros“.
Pienso que una campaña electoral tiene que apuntar a la aptitud intelectual del candidatx más que a la exhibición de la belleza de su cuerpo. Tenemos que ’seducir’ intelectualmente ( y no eróticamente) a la masa de votantes heterosexuales.
Para todo hay un momento y lugar: En la Marcha del Orgullo Gay, marchamos, bailamos, nos exhibimos y los compañerxs trans ciertamente logran un impacto visual. Pero para el ingreso al Parlamento tal vez conviene cambiar de estrategia y dar a conocer al electorado que los candidatos GLTB no solo somos ‘alegres’ sino, además, pensantes. Con capacidad de oratoria o gestión. Con iguales o mayores condiciones políticas y con idoneidad para debatir y legislar.
Resumiendo: Cada objetivo nos plantea el desafío de una estrategia diferente sin que debamos renunciar por ello a nuestros principios, esencia ni identidad.
P.D: Con mi comentario anterior, seguramente estoy dando una visión completamente distinta (y tal vez complementaria)del columnista Manuel Velandia. Sin duda, las distintas opiniones sobre objetivos GLTB – y las estrategias convenientes para conseguirlos- son muy útiles para el debate. Considero valioso encontrar el término medio y la razonabilidad entre unos y otros.
No estoy de acuerdo con la opinión de Velandia. Me parece que mezcla los tantos… hay que ver el objetivo de cada cosa. Por un lado una cosa es exhibirse en una marcha del orgullo que es una fiesta, y por otro una candidatura política. No me parece bien el tono del aviso, pero bueno tampoco se puede prohibir, cada uno verá si vota o no a esa persona. También me parecería mal, o al menos no votaría, a una mujer génetica heterosexual que quisiera candidatearse con avisos de ese tipo. Ya que considero que la política no es sólo imagen, que tiene que haber un contenido.
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