Una de las leyes más notorias que humillaban directamente a nuestra comunidad, el ‘Don’t Ask, Don’t Tell’ es la penútima vergüenza en caer. Así lo anunció el Pentágono, cuando el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Leon Panetta y el Jefe del Estado Mayor Conjunto, Michael G. Mullen recomendaron explícitamente al Presidente Barack Obama, la anulación de dicha ley.
Tras la decisión del Congreso de derogarla, el asunto estaba en las manos del Pentágono y el Presidente. A partir de aquí, sólo resta la firma presidencial para enterrar el ‘Don’t Ask, Don’t Tell’, que permitía gays en el ejército pero no ‘hacerse visibles’ como tales, para siempre.
En realidad, la decisión final del Pentágono era mera cuestión de tiempo. Desde que el Congreso dictara su veredicto, se ha estado entrenando a personal del ejército para acostumbrar su comportamiento a la nueva situación. Oficiales veteranos afirman que el entrenamiento ha procedido sin problemas. Aunque hay sectores conservadores que se niegan a que la ley se anule, difícilmente prosperarían sus posibilidades, con el Congreso, el Pentágono, la Justicia y veremos ahora si la Casa Blanca, en su contra.
A Barack Obama se le reprochó en su momento no haber anulado la ley cuando el Congreso así lo consideró. A la espera de la decisión final del Pentágono, no quiso hacerlo. Hoy el Presidente no tendrá excusa.


