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Parece lejano ese 2 de julio de 1991 cuando un puñado de históricos militantes homosexuales —muchos de ellos con máscaras— organizaron por primera vez una marcha para exigir el respeto a los derechos de las personas de orientación sexual diferente.

Veinte años después ùtras haberse aprobado el Matrimonio Igualitario como derecho más simbólico para el movimiento LGBT— el reclamo sigue, las voces no se acallan, los puños siguen en alto para exigir la aprobación de la Ley de Identidad de Género.

A dos décadas de aquella gesta histórica promovida por un grupo de valientes en torno al recordado Carlos Jáuregui, la Marcha del Orgullo se ha convertido no sólo en un hecho político sino también en una fiesta en donde celebrar la diversidad y los logros obtenidos, que no son pocos.

Con marchas y “contramarchas”, con independencia de partidismos o con “marchitas”, el Orgullo de la Diversidad Sexual está más vigente que nunca.

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