- “Hay que matarlos a todos”. Cual exterminio nazi.
- “Prefiero una hija puta o chorra antes que sea lesbiana”. Sentencia de una “madre”.
- “Que vivan, pero en una isla”. Exclusión, exilio por parte del monseñor Quarracino.
- “Pueden ser homosexuales mientras no practiquen la homosexualidad”. Desde la iglesia católica.
- “Puede venir a esta casa con su pareja, pero que no se besen delante mío”. Comentario vertido por el padre (por ej. hacia su esposa) de un muchacho gay.
- “Que tengan unión civil pero no matrimonio”. Concesión de algunos derechos, no todos, desigualdad oída en debates.
- “Que se casen, pero que no adopten”. Casi todos los derechos, de todos modos continuaba la no equidad.
- “¿Por qué no adoptan, en lugar de la subrogación?”. Dirigida a Flor Trinidad y su marido.
- “¿Por qué no se operan, así son hombres o mujeres?”. Pregunta a las travestis.
Hoy quise hacer un recorrido por algunas frases sociales que históricamente denigraron y continúan denostando a las personas LGBT y así los pisotean en su integridad, pero que en el fondo marcan los logros de la comunidad diversa, porque del mandato “muéranse” –después se asombran de que la tasa de suicidios sea mayor en gays que en heterosexuales, sobre todo en adolescentes- se llegó a la conquista del matrimonio igualitario y a entender que los LGBT también están capacitados para ser buenos padres y madres.
Yo pensaba… Cómo negando, prohibiendo o permitiendo con peros, con el tiempo los homofóbicos terminan diciendo lo mismo que el colectivo LGBT, es decir, evitando el mal mayor para ellos (los primeros), acaban por adoptar paso a paso el mismo discurso de los activistas LGBT, ¡acaban por darles la razón!: que las lesbianas y los gays pueden casarse y adoptar niños criándolos con amor. O que las personas trans pueden reasignar su sexo, si así lo desearan.
Ahora bien, ¿se trata de un avance o de una resignación del terreno perdido, de un acostumbramiento sociocultural? Pareciera una falsa aceptación de sucesivas cadenas de inscripción, de marcas sociales que mejoran pero que aún denuncian el empuje de los LGBT hacia la marginalidad. Pensar en una aceptación total y masiva en estos días sigue siendo una utopía pues es harto dificultoso borrar variables identitarias de lo cultural, tales como la intolerancia, la discriminación, el juzgamiento por el atravesamiento de las religiones… Como que ciertos cimientos de dogmas tambalean y salen varios en defensa de ellos y, de ese modo, muchos se alinean en la tolerancia, pero no desde sus creencias sino desde un discurso adquirido para el momento.
Se sabe que semánticamente el “pero” que sigue a una coma invalida lo que se dijo o escribió previamente. Por eso es una dicotomía expresar: “Que sean pero que no lo hagan”, ¡como si se pudiese ser algo o alguien sin ejercerlo!; sería como decir: “Que sea chilena, pero que no tenga tonada chilena” o: “Que él sea heterosexual, pero que no tenga relaciones afectivo-sexuales con mujeres”.
Rescato que esos “No” y esos “pero” que visibilizan un acoso anti-gay hayan hecho más fuerte al colectivo LGBT y que hayan transformado esas palabras en “Si”, en “Vamos por más”. También pondero a los que no son personas LGBT pero que no son heteronormativos u homofóbicos, que no rechazan, no discriminan aunque, como redactaba, hay mucho sendero por hacer aún para que sigamos creciendo en y como una gran sociedad inclusiva.
Con este panorama, yo me pregunto: ¿por qué no vive cada uno su vida sin decirle al otro lo que (no) tiene que o debería hacer o (no) decir? ¿Tanto cuesta revisar los hechos propios sin tratar de controlar los ajenos?
* Alejandro Viedma es licenciado en Psicología (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión para varones gay. Para comunicarte con él escribe un comentario a continuación o entra en www.alejandroviedma08.blogspot.com Facebook: Alejandro Viedma Psi


